Tolkien celebra que Christopher, destinado en Sudáfrica, siga leyendo anglosajón y cite los poemas gnómicos del Exeter Book. Después reconstruye una reunión de los Inklings en el Mitre con Charles Williams, Havard, C. S. Lewis, Warnie Lewis y Owen Barfield.
Barfield posee la rara capacidad de obligar a Lewis a definir cada afirmación y frenar sus pronunciamientos más tajantes. La discusión fue tan vehemente que un desconocido habría creído asistir a una pelea, aunque entre ellos era una forma habitual de amistad intelectual. Hubo además una pieza sobre Jasón y Medea, sonetos de un joven poeta, una traducción de Virgilio y conversaciones sobre fantasmas e himnos.
La carta conserva el ritmo real de los Inklings: lectura en voz alta, humor, contradicción y prueba colectiva de las ideas. No ofrece una tertulia solemne, sino una comunidad capaz de discutir con dureza sin dejar de disfrutar de la compañía.
