Una semana después, Tolkien sigue afectado por La canción de Bernadette. Reconoce que la película deforma los hechos, pero aun un reflejo lejano y turbio puede conservar algo de una realidad bella.
Compara la experiencia con quienes contemplaban en el rostro de Bernadette un reflejo de la aparición: él ha visto el reflejo de otro reflejo y, pese a todas las mediaciones, ha recibido su fuerza.
Recuerda un detalle de la niña: al rezar con la Virgen, observó que ella solo pronunciaba los Glorias, pues las demás peticiones del Rosario corresponden a personas necesitadas en la tierra. La escena impulsa a Tolkien a recuperar esa oración con mayor frecuencia.
