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Cartas de Papá Noel

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Obras menores de Tolkien

Cartas de Papá Noel

por J. R. R. Tolkien

Año
1976
Editorial
Minotauro
Páginas
192
ISBN
978-8445006733

Las cartas, dibujos y aventuras navideñas que Tolkien creó durante años para sus hijos bajo las voces de Papá Noel, el Oso Polar y otros habitantes del Polo Norte.

Comentario

Cada Navidad, los hijos de Tolkien recibían noticias del Polo Norte. Las cartas llegaban con sellos, dibujos, alfabetos y caligrafías distintas: Papá Noel escribía temblando de frío; el Oso Polar irrumpía con comentarios y accidentes. Con los años, aquella correspondencia doméstica formó una pequeña mitología poblada por duendes, trasgos y catástrofes cómicas.

El libro comienza con mensajes relativamente sencillos y avanza hacia episodios continuados. El Oso Polar provoca explosiones o rompe algo importante; sus sobrinos aumentan el caos; aparecen amenazas que obligan a defender el hogar de Papá Noel. Las voces se interrumpen, se corrigen y discuten en los márgenes. Tolkien escribe desde cada personaje e inventa caligrafías, sellos, direcciones y pruebas materiales de la existencia de ese mundo. El objeto recibido por los niños formaba parte del relato. La intimidad de una imaginación puesta al servicio de personas concretas vuelve únicas estas cartas. Tolkien no estaba construyendo aquí una mitología para publicar. Respondía a la espera anual de sus hijos, recordaba sus intereses y ajustaba el tono a sus edades. Esa atención convierte la fantasía en una forma de afecto. Cada detalle dice: he dedicado tiempo a mantener vivo para vosotros este lugar. El humor, a menudo provocado por el Oso Polar, evita la solemnidad y muestra una faceta juguetona que también existe en Roverandom o Egidio el Granjero de Ham.

También aparecen rasgos reconocibles del gran creador de mundos: lenguas y alfabetos, cronologías, mapas implícitos, conflictos que dejan memoria y personajes con voces propias. Las equivalencias directas con la Tierra Media aportan poco; lo verdaderamente afín es el placer de dotar a una ficción de documentos, historia y textura. Las cartas enseñan que la subcreación podía caber en un sobre.

El paso de los años se percibe en la complejidad de las cartas y también en sus destinatarios, que van creciendo y abandonando poco a poco la correspondencia. Esa dimensión temporal añade una melancolía discreta: el mundo del Polo Norte sobrevive mientras la infancia se despide. También permite reconocer cuánto trabajo artesanal podía esconderse detrás de una tradición familiar aparentemente espontánea.

Diciembre ofrece el ambiente perfecto, pero el libro sobrevive fuera de la temporada porque habla también de paternidad, juego y crecimiento. Los facsímiles piden atención: buena parte del relato vive en la letra, los márgenes y los dibujos. Su encanto más profundo consiste en ver a Tolkien construir un mundo entero para una audiencia de pocos niños, año tras año.