Comentario
La Segunda Edad estaba dispersa entre apéndices, crónicas y textos publicados en momentos distintos. Brian Sibley ordena esos materiales siguiendo la cronología de Númenor, los Anillos de Poder, Sauron y la Última Alianza. El volumen ofrece por primera vez un recorrido continuo por una época cuyos grandes acontecimientos solían conocerse solo a fragmentos.
El recorrido incluye el ascenso del reino insular concedido a los Edain, los viajes de sus marineros, el contacto cada vez más desigual con los pueblos de la Tierra Media, la amistad y ruptura con los elfos, la forja de los Anillos de Poder, el crecimiento de Sauron, la corrupción de los númenóreanos y la catástrofe final. Después siguen la supervivencia de Elendil y sus hijos, la creación de los reinos en el exilio y la guerra que cierra la Edad. El libro no inventa transiciones para convertir los fragmentos en una novela moderna; conserva cambios de densidad y de registro propios de las fuentes.
La continuidad transforma la experiencia de una edad antes conocida a retazos. Leídos por separado, los textos de la Segunda Edad pueden parecer episodios luminosos rodeados de enormes zonas en sombra. Al colocarlos en secuencia, se percibe una tragedia histórica completa: el don de una larga vida se transforma en miedo a la muerte; la exploración se convierte en dominio; el deseo de conservar lo bueno abre la puerta a la esclavitud de los Anillos. Númenor cae tras una lenta deformación de su relación con el límite, la memoria y el poder.
Encaja después de El Silmarillion y los apéndices, antes de internarse en los volúmenes documentales más complejos. La cronología hace visible la transformación moral de Númenor y el largo trabajo de Sauron.
La ordenación también permite ver la simultaneidad entre la historia de la isla y la de los elfos de Eregion. Mientras los hombres acumulan fuerza marítima, Celebrimbor y los herreros trabajan bajo la influencia de Sauron. Ambas líneas comparten una tentación: utilizar el conocimiento para impedir el cambio. La Segunda Edad adquiere así una unidad temática que suele quedar oculta cuando se consultan los relatos de manera independiente.
Las ilustraciones de Alan Lee acompañan la cronología sin competir con ella y refuerzan la sensación de una gran crónica insular. Especialmente valiosa resulta la lenta acumulación de señales de corrupción: la caída deja de parecer un accidente súbito y adquiere la gravedad de una elección repetida durante generaciones.
Su aportación principal es la continuidad: acontecimientos conocidos por separado adquieren por fin el ritmo de una civilización que asciende, se corrompe y cae.
