Tolkien juzga la nueva edición del Anglo-Saxon Primer de Henry Sweet revisada por Norman Davis. Las mejoras gramaticales le parecen claras, pero considera pobre la elección de textos y cree que el conjunto se limita a presentar a Sweet con apariencia moderna.
Su objeción es también editorial: mantener un nombre prestigioso en la cubierta impide reconocer que el manual necesita una reconstrucción auténtica. Un nuevo Primer, escrito por un especialista competente y con alguna originalidad, tendría muchas posibilidades de ser adoptado. La carta muestra al profesor exigente, atento a que la enseñanza inicial del anglosajón despierte criterio y no solo repita una tradición.
