Tolkien devuelve los textos promocionales preparados por Houghton Mifflin para la edición estadounidense y los considera tan pobres que intenta corregirlos, aunque duda de que la editorial acepte sus sugerencias. También comenta los elogios destinados a la cubierta británica: agradece la recepción, pero le incomodan las comparaciones desmesuradas con Ariosto o The Faerie Queene.
Insiste en publicar el primer volumen en julio, antes de que se enfríe la expectación y antes de sus viajes para recibir doctorados honoríficos en Dublín y Lieja. La carta mezcla ansiedad comercial y pudor autoral. Tolkien necesita que el libro encuentre lectores, pero teme que una promoción grandilocuente provoque rechazo o convierta la obra en blanco de burlas.
Al final responde a la noticia de un niño llamado Merlin y precisa que Gandalf no fue joven en la Tierra Media: llegó ya con apariencia de anciano como emisario, aunque el desgaste del mundo y de su misión lo envejeció. El detalle recuerda que incluso una conversación editorial podía abrirse de pronto hacia la historia interna del legendarium.
