Tolkien agradece a Katharine Farrer una carta que le ha ayudado a soportar una reseña hostil del Sunday Times. Sabía que publicar la obra por partes aumentaba el riesgo de que el primer volumen pareciera incompleto, pero la previsión no reduce el daño de ver ridiculizado un trabajo al que ha dedicado tantos años. Al mismo tiempo reconoce que se trata de una empresa extraña y que no puede esperar la aprobación de todos.
Repasa erratas del volumen y celebra haber impedido que los impresores normalizaran palabras elegidas deliberadamente. La disputa por nasturtians se convierte en una pequeña victoria sobre correctores que ya habían intentado sustituir elven y otras formas. Mientras llegan las primeras reseñas, Tolkien sigue seleccionando lenguas, alfabetos, calendarios e historia para unos apéndices limitados a unas cuarenta páginas.
El valor de la carta está en mostrar que la publicación no marca el final del trabajo. Conviven la vulnerabilidad ante la crítica, la defensa del lenguaje y la presión por terminar el tercer volumen.
