Tolkien agradece a Katharine Farrer que le permita leer el borrador de su reseña y celebra que haya destacado la dimensión moral de la obra. Cree que esa moralidad, surgida del tratamiento serio de la historia y no de un programa previo, proporciona coherencia y realidad al relato.
Señala como núcleo las palabras finales de Frodo a Sam: la Comarca ha sido salvada, pero no para quien quedó demasiado herido al salvarla. En momentos de peligro, alguien puede tener que perder aquello que protege para que otros lo conserven. Tolkien relaciona esta renuncia con Bernadette de Lourdes, que no buscó allí su propia curación.
También duda sobre el término inglés Elves, cargado de asociaciones inadecuadas, y considera añadir al final un eco de la despedida de Galadriel. La carta es valiosa porque identifica sacrificio, pérdida y don como fundamento moral de la novela antes de la publicación de su desenlace.
