Tolkien acepta el ultimátum de Rayner Unwin y entregará todo lo que pueda antes de su regreso. Ahora lamenta haber prometido apéndices. El espacio disponible obliga a comprimir una documentación interdependiente y teme que el resultado decepcione tanto a los lectores que buscan datos como a él mismo.
Quienes leen la obra como romance heroico pueden ignorarlos sin perder el efecto literario. Otros, sorprendentemente numerosos, solicitan cronologías, lenguas y explicaciones suficientes para llenar otro volumen. Tolkien duda incluso de que fomentar el tratamiento del mundo como un gran juego de información sea bueno: esa actividad lo atrae tanto que puede apartarlo de la narración.
La carta distingue así dos formas de profundidad. Una nace de las «vistas no explicadas» que amplían la imaginación; otra exige exactitud documental. Los apéndices intentan servir a ambas y por eso resultan tan difíciles de cerrar.
