Tolkien responde a Dora Marshall, una lectora cuya carta confirma una convicción defendida durante años: el cuento de hadas no pertenece exclusivamente a la infancia y existe un público adulto hambriento de esa forma narrativa. Conseguir publicar El Señor de los Anillos fue difícil y su recepción sorprende tanto al autor como a los editores.
Recuerda una observación de C. S. Lewis: si nadie escribe los libros que desean leer, tendrán que escribirlos ellos mismos. Lewis terminó antes su trilogía gracias a una capacidad de trabajo que Tolkien contrapone con humor a su lentitud y minuciosidad. Después de innumerables manuscritos y de mecanografiar casi toda la obra varias veces, una sola carta de comprensión le parece recompensa suficiente.
También recuerda a Charles Williams. Ambos escuchaban fragmentos de sus obras en las habitaciones de Lewis y disfrutaban de la conversación, aunque sus imaginaciones literarias resultaban mutuamente difíciles de penetrar. La carta ofrece una definición práctica de los Inklings: no una escuela de estilo común, sino lectores capaces de sostener trabajos radicalmente distintos.
