Tolkien responde con generosidad a Richard Jeffery, un lector interesado en las escrituras élficas y en varios nombres. Corrige con tacto su uso de los tengwar y aclara que no existe una única norma para aplicarlos al inglés: cualquier sistema debe ser, ante todo, coherente consigo mismo.
Traduce los versos de Bárbol y explica onod, onodrim y otros términos relacionados con los Ents. Después enlaza nombres como Endor, Enedwaith, Peregrin y Frodo con la historia interna o con tradiciones germánicas reales. Frodo procede del inglés antiguo Fróda y sugiere una sabiduría adquirida mediante la experiencia.
Los nombres no son etiquetas decorativas. Guardan parentescos, cambios fonéticos y fragmentos de historia. Tom Shippey ha señalado que este método filológico produce la impresión de que las palabras han sobrevivido a acontecimientos más antiguos que el relato. Tolkien lamenta que el coste impidiera incluir un índice etimológico completo en el tercer volumen; esta carta ofrece una pequeña muestra del libro de nombres que habría querido publicar.
