Tolkien escribe a Christopher y Faith todavía deslumbrado por los frescos de Asís. Coincidió con la fiesta de santa Clara y asistió a una misa solemne en la que sonaron trompetas de plata durante la elevación.
Confiesa seguir enamorado del italiano y sentirse perdido sin oportunidades para hablarlo. Venecia le proporcionó los días más divertidos del viaje; una tormenta canceló la ópera prevista, pero una función extraordinaria les permitió ver finalmente Rigoletto. La carta conserva el placer inmediato de su único gran viaje a Italia.
