Tolkien agradece a su nieto Michael una carta y celebra que haya encontrado emocionante El Señor de los Anillos. Ese era su propósito principal: contar una historia capaz de absorber al lector. Considera que el libro se disfruta mejor durante unas vacaciones que en fragmentos breves.
Le habría gustado acompañarlo por los páramos, lejos de las multitudes, aunque una antigua lesión del tendón de Aquiles limita sus caminatas. Recuerda con nostalgia recorridos mucho más largos por la costa inglesa.
Comenta además su trabajo con la traducción neerlandesa y su inmersión reciente en el hebreo, cuya escritura encuentra hermosa y cuya dificultad hace parecer sencillo el latín. La carta inaugura una correspondencia directa entre abuelo y nieto mediante tres placeres compartibles: lectura, paisaje y lenguas.
