Allen & Unwin envía a Tolkien un pago extraordinario por las ventas de El Señor de los Anillos. La noticia llega demasiado tarde para influir en una decisión importante: ya ha aceptado prolongar dos años su puesto universitario, cuando la nueva seguridad económica quizá le habría permitido jubilarse en julio.
El sistema fiscal amenaza con absorber buena parte del ingreso mientras el trabajo de Oxford le impide dedicar periodos continuos a El Silmarillion. A ello se suman la mala salud y la artritis, que vuelve dolorosas las largas sesiones sentado.
Aun con esa frustración, Tolkien celebra el éxito por la editorial y por Rayner. Recuerda que su paciencia y su apuesta económica hicieron posible que el manuscrito no permaneciera como una montaña de papeles. La carta muestra la ambivalencia de la recompensa: confirma el valor de décadas de trabajo justo cuando el tiempo para continuar la obra se ha vuelto más escaso.
