El mayor R. Bowen ha preguntado por la naturaleza de Sauron. Ronald despliega una respuesta que es en realidad manifiesto sobre teología subcreada. Sauron era siempre descarnado cuando le vencían. Es un espíritu «angélico» menor, criatura anterior al mundo físico, que asistió en la medida propia a su hacer.
Y explica: los grandes espíritus se envolvieron tanto en la obra de Arte inicial que, cuando el Creador la hizo realidad, desearon entrar en ella desde el principio de su “realización”. Se les permitió, con una condición: permanecer en ella hasta que la Historia se cumpla. Sus formas encarnadas son más análogas a nuestras ropas que a nuestros cuerpos — aunque más que las ropas expresan sus deseos, humores y funciones.
«Sauron estuvo unido al mayor de todos, Melkor, que llegó a ser el Rebelde inevitable y adorador de sí mismo de las mitologías que comienzan con un Creador único trascendente». Olórin — Gandalf — estuvo unido a Manwë. Y la reflexión final tolkieniana sobre el mal: la indestructibilidad de los espíritus con libre albedrío, incluso por el propio Creador, es rasgo inevitable si uno cree en su existencia o la finge en una historia.

