Tolkien asiste a una conferencia de Christopher sobre la mirada germánica y romana hacia héroes y pueblos considerados bárbaros. Disfruta sin perder la atención y siente orgullo por una exposición clara, viva y sin énfasis innecesario. Otros oyentes destacan la forma en que Christopher hizo presente la figura de Atila.
Al padre lo conmueven especialmente dos sílabas relacionadas con atta y Attila. Ese detalle le permite definirse como «filólogo puro»: la historia lo atrae con mayor fuerza cuando ilumina palabras y nombres.
Vuelve entonces a una explicación central de su obra. El Señor de los Anillos nació en gran medida para crear un mundo donde sus lenguas pudieran sentirse reales y donde un saludo élfico corriente tuviera hablantes, ocasión e historia. Tom Shippey sitúa precisamente en esa relación entre lengua y relato el núcleo del método creativo de Tolkien.
