Los libreros holandeses Voorhoeve en Dietrich han organizado un festival: un Hobbit-maaltijd, banquete-fiesta hobbit. Ronald agradece pero confiesa recelo. Las palabras del programa — de auteur zol het middelpunt zyn, «el autor será el centro» — le llenan de alarma. «Soy un hobbit, no un héroe ni uno de los Grandes». Es filólogo, pero no lingüista, y no entiende bien el holandés hablado.
También aparece la deliciosa duda vestimentaria. Piensa dirigirse a la compañía como un hobbit, a la manera de Bilbo en su 111 cumpleaños, con algunas modificaciones apropiadas, quizá incluyendo versos y fragmentos élficos. Pero — dice con humor — apenas podría vestirse de hobbit, con el verde que tanto le gusta. ¿Sería ocasión para resucitar el frac de faldón largo, ya virtualmente obsoleto en Inglaterra? ¿O la compañía, dado que es fiesta hobbit y los hobbits favorecen la comodidad, se contentará con el smoking o dinner jacket?
