El jesuita y filólogo Robert Murray consulta a Tolkien sobre las palabras indoeuropeas relacionadas con lo santo y lo divino. Tolkien advierte contra la tentación de reconstruir un significado original con demasiada seguridad: conocemos parentescos y cambios fonéticos, pero no el momento exacto en que voces como theos, deus o god adquirieron su sentido religioso.
La respuesta recorre asociaciones inesperadas. El antiguo vocabulario que está detrás de dizzy y giddy parece emparentado con términos de lo divino, mientras que god pudo designar en origen aquello que era invocado. Para Tolkien, esta historia verbal no reduce la idea de Dios a una etimología: revela, en pequeño, el misterio de que una realidad espiritual llegue a expresarse mediante palabras humanas, materiales y cambiantes. Aquí su filología y su fe trabajan juntas sin confundirse.
