Ronald escribe desde el Acland Home, hospital de Oxford. Ha sufrido apendicitis en plena gripe con fiebre alta y el pecho lleno de bichos, no cosa buena a su edad. Físicamente había llegado al fin de la cuerda; también anda cerca financieramente. Tiene que salir de la casa empapada o quedará arruinado. Como Edith no puede usar el brazo aún, están en un aprieto. Como en un hotel podrían vivir por menos, se marcharán a Bournemouth.
A ello se suma la nota triste con humor: «entre otras oscuridades que nublan el horizonte, veo no más fumar escrito claro y grande delante de mí». Firma «D.» — Daddy — con las «oraciones constantes».
