El New Statesman invita a Tolkien a participar en un suplemento sobre libros infantiles. En borradores que finalmente no envía, explica que no escribe cuentos de hadas para dirigirse a los niños como grupo separado; escribe esa clase de historias porque le interesa la forma.
Reconoce que los primeros capítulos de El Hobbit adoptaron a veces una voz condescendiente heredada de la convención editorial. Los niños con mejor oído han detectado siempre esos pasajes como defectos.
Tolkien recomienda no escribir hacia abajo, tampoco en vocabulario. Las palabras nuevas se aprenden leyendo obras que exceden un poco la capacidad actual, dentro de contextos vivos. El respeto al niño consiste en evitar tópicos adultos y ofrecer una lengua digna de atención, no en reducir de antemano aquello que puede comprender.
