Tolkien comenta a Christopher Studies in Words, de C. S. Lewis, con la franqueza reservada a una amistad intelectual larga. Había enviado a Lewis un análisis histórico y semántico de la raíz griega relacionada con physis, pero casi todo quedó fuera del libro y lo poco conservado aparece rodeado por ejemplos que Tolkien considera triviales.
Le alivia no figurar expresamente y juzga que Lewis sigue comportándose como un clasicista de Oxford cuando aborda la historia de las palabras. Sin embargo, encuentra al final una advertencia sabia: el deseo más intenso de escribir una reseña destructiva suele ser una razón para callar. Tolkien aplica la máxima a sí mismo y concluye, en latín, que guardará silencio.
