Tolkien comenta con enfado la introducción de Åke Ohlmarks a la traducción sueca. El texto inventa veladas familiares, paisajes inspiradores y nietos que habrían pedido nuevas historias, aunque El Señor de los Anillos fue escrito antes de su mudanza a Headington y sus nietos no desempeñaron ese papel.
Rechaza de manera tajante la equivalencia entre Sauron y Stalin. La estructura principal de la historia es anterior a los acontecimientos soviéticos utilizados como clave y no fue concebida como retrato de un dictador contemporáneo.
También corrige supuestas caminatas juveniles por Gales que nunca realizó. Su protesta no nace solo de la inexactitud: pregunta por qué una persona viva debe convertirse en personaje de ficción para que un prólogo parezca íntimo y autorizado.
