Tolkien recuerda con afecto a su tía Jane Neave, una mujer independiente que estuvo entre las primeras graduadas británicas en ciencias y que continuó viajando para estudiar plantas a una edad avanzada.
De joven recorrió con ella parte de Suiza a pie y con mochilas pesadas. Cerca del glaciar Aletsch, rocas desprendidas por el sol cruzaron la pendiente nevada y una enorme pasó entre Tolkien y el compañero que marchaba delante. En otra ocasión, una tormenta los hizo perder el camino y dormir en un cobertizo para vacas.
Esos recuerdos alimentaron escenas de las Montañas Nubladas en El Hobbit. La carta permite observar cómo Tolkien transformó peligro, clima y escala alpina sin copiar un itinerario real. Karen Wynn Fonstad señalaría después que los paisajes de la Tierra Media combinan experiencia geográfica y exigencias internas de los viajes narrados.
