Tolkien describe a su nuera Joan Anne la transformación de Oxford. La pequeña ciudad universitaria que recordaba, rodeada de campo, ha crecido de manera acelerada y ahora se extiende entre tráfico, ruido, contaminación y edificios que juzga espantosos.
No idealiza por completo el pasado. La antigua Oxford estaba rodeada por barrios pobres, y buena parte de aquella miseria ha desaparecido con el crecimiento. La carta mantiene ambas verdades: la modernización mejora ciertas vidas y, al mismo tiempo, destruye escala, silencio y continuidad urbana. Su crítica se dirige al culto indiscriminado de la máquina, no a toda forma de cambio.
