El jesuita David Kolb pregunta por C. S. Lewis y Tolkien responde con una franqueza teñida de tristeza. Narnia y buena parte de la imaginación religiosa de Lewis quedan fuera de sus gustos, del mismo modo que muchas obras de Tolkien nunca interesaron especialmente a su amigo.
Su reacción ante Letters to Malcolm fue aún más negativa: comenzó un comentario extenso, pero comprendió que sería demasiado severo para publicarlo. La carta corrige la idea de una influencia recíproca sin fisuras. Los dos escritores compartieron fe, conversación y décadas de amistad, pero mantuvieron criterios literarios y sensibilidades teológicas profundamente distintos.
