Tolkien rechaza un texto promocional que pregunta al lector si es un hobbit por disfrutar la tranquilidad, la comida y una aventura ocasional. Esa formulación destruye la ilusión histórica trabajada por los libros.
Dentro del relato, ser hobbit depende del nacimiento y de rasgos físicos y culturales, no de una preferencia moderna. La mayoría carece casi por completo del impulso aventurero. Bilbo resulta interesante precisamente porque Gandalf reconoce en él una excepción.
Bilbo conserva sensatez, generosidad, paciencia y resistencia propias de su pueblo, junto con una chispa poco común que todavía no se ha encendido. La historia trata de individuos concretos y de dones particulares, no de curar a un burgués estereotípico mediante experiencias exóticas.
