Clyde Kilby ofrece regresar a Inglaterra para ayudar con El Silmarillion. Tolkien confiesa que nunca ha tenido demasiada confianza en su obra y que aún le cuesta exponer su mundo a una mirada posiblemente desdeñosa. Sin el ánimo de C. S. Lewis quizá no habría terminado ni presentado El Señor de los Anillos.
El material antiguo comenzó en hospitales y permisos militares de 1916 y 1917. Medio siglo de ampliaciones, interrupciones y versiones lo ha dejado en un estado difícil de ordenar.
Lo que necesita no es solo un mecanógrafo, sino la presencia de un lector comprensivo y exigente con quien hablar mientras decide. Kilby podría aportar ese acompañamiento durante los meses libres del verano de 1966.
