Tolkien remite a Joy Hill la propuesta de un admirador que pretende publicar una continuación de El Señor de los Anillos. Considera pésimas las muestras y pide que Allen & Unwin responda, pues una advertencia editorial puede resultar más eficaz que una negativa personal.
Ya había recibido una petición semejante de otra lectora: después de rechazarla cortésmente, ella contestó con furia. La carta muestra un problema nuevo provocado por la popularidad de la obra: algunos lectores no se limitaban a imaginar historias propias, sino que reclamaban el derecho a prolongar públicamente un mundo y unos personajes ajenos.
