Tolkien responde a interpretaciones que relacionan sus nombres con semejanzas bíblicas o germánicas sin atender a las lenguas internas. Nazgûl pertenece al Habla Negra y contiene nazg, «anillo»; no tiene motivo para derivar de una palabra anglosajona. Moria es sindarin y significa «Abismo Negro», sin conexión con el monte Moriah de Abraham.
Admite que la secuencia sonora de Moria pudo quedar en su memoria por el castillo de Soria Moria de un cuento escandinavo. Esa chispa externa no determina el significado posterior: el nombre fue integrado en raíces élficas ya coherentes.
Rohan ofrece otro caso. Tolkien conocía el apellido bretón y le gustaba su sonido, pero pudo adaptarlo a la historia lingüística de los jinetes mediante formas élficas relacionadas con los caballos y con su antigua región, Calenardhon.
Eärendil procede de una palabra anglosajona real. Su belleza sonora impresionó a Tolkien cuando estudiaba inglés antiguo y provocó un poema anterior a la guerra sobre un navegante luminoso. Después el nombre encontró lugar en la mitología y se convirtió en uno de sus ejes.
La carta distingue así fuente, eco e historia interna. Tom Shippey ha subrayado que la filología de Tolkien no consiste en ocultar claves privadas, sino en permitir que una palabra heredada o recordada desarrolle relaciones nuevas dentro de un sistema racional.

