Después de participar en Tolkien in Oxford, el autor escribe a Donald Swann profundamente insatisfecho. Considera que el documental no intenta mostrarlo a escala humana, sino fijar una imagen pintoresca de anciano hogareño, anticuado y aficionado a la bebida.
El productor le parece inteligente y agradable, pero atrapado por trucos televisivos y una idea previa del personaje. Tolkien teme incluso que su antigua afición por actuar lo haya llevado a colaborar involuntariamente con esa caricatura.
La filmación lo obliga a asistir a unos fuegos artificiales como si fueran una afición personal. Él aclara que aparecen en sus libros por Gandalf, portador del Anillo de Fuego y despertador de esperanzas, no porque el autor frecuente espectáculos pirotécnicos. La carta protesta contra la confusión entre vida y obra cuando se utiliza para fabricar una imagen pública fácil.
