Mientras el OED investiga si Tolkien inventó hobbit, aparece una reseña de 1938 que afirmaba conocer un cuento con ese título hacia 1918. Décadas de búsqueda no han localizado el supuesto texto y el autor mantiene un recuerdo claro de haber creado la palabra.
Tolkien pide ayuda a Roger Lancelyn Green con otra memoria infantil. Antes de 1900 le leían una colección sin cubierta que incluía un cuento llamado «Puss Cat Mew», quizá atribuido a Bulwer-Lytton, pero nadie ha conseguido identificarlo.
Ambos casos muestran la fragilidad de la memoria bibliográfica. Una palabra propia puede parecer heredada y un relato real puede desaparecer casi por completo, incluso para especialistas en literatura infantil.
