El Daily Telegraph utiliza «tolkieniano» para describir la penumbra desagradable de una plantación forestal. Tolkien protesta porque su nombre queda asociado con una oscuridad producida precisamente por el maltrato de los árboles.
Sus bosques responden al modo en que son tratados. Lothlórien es hermosa porque sus árboles reciben amor; el Bosque Viejo recuerda heridas causadas por criaturas de dos piernas; Fangorn se vuelve hostil ante un enemigo que ama las máquinas. El Bosque Negro cae bajo un poder que odia la vida, pero recupera la belleza tras su derrota.
No equipara a la Comisión Forestal con Sauron porque una institución humana todavía puede rectificar. Le parecen más graves la tala, mutilación y destrucción cotidianas cometidas por particulares y organismos menores. El ruido de la sierra eléctrica representa para él una violencia normalizada.
La carta es una defensa ecológica concreta, no una afirmación de que todo bosque sea amable. Humphrey Carpenter muestra que el amor de Tolkien por los árboles nace de paisajes precisos perdidos durante su vida; en la ficción, esa memoria se convierte en comunidades vegetales capaces de responder al cuidado y al daño.
