Michael, con diecinueve años, había empezado en Trinity College Oxford tras aplazar su alistamiento y ahora abandona la universidad para entrenarse como artillero antiaéreo. Tolkien le escribe con tristeza contenida: hubiera sido mejor que él hubiera sido el mayor y hubiera podido terminar antes de que el ejército lo tomase. Espera que pueda volver. «Aprenderás mucho, además».
Y añade una reflexión que se vuelve manifiesto: «En cualquier momento, es lo que somos y lo que estamos haciendo, no lo que planeamos ser y hacer, lo que cuenta». Es una filosofía tolkieniana pura: la vida real ocurre en el presente, no en la preparación. Pero es honesto también: él mismo, cuando pasó por lo mismo en 1915, no encontró esa idea muy consoladora frente al «desperdicio de tiempo y militarismo del ejército».
La biografía militar de Michael Tolkien — sirvió en batería antiaérea, participó en la defensa de aeródromos durante la Batalla de Inglaterra — está documentada por Priscilla Tolkien en The Tolkien Family Album. John Garth ha estudiado el paralelismo entre las experiencias bélicas de padre e hijo.
