Tolkien se interesa por First Whispers of The Wind in the Willows, que reúne historias de Kenneth Grahame nacidas en cartas a su hijo. El origen epistolar le resulta cercano, pues él mismo había contado cuentos a sus hijos antes de convertir algunos en libros.
La noticia despierta una inquietud sobre su propia obra: teme haber hecho la continuación de El Hobbit demasiado larga, compleja y lenta para una época acostumbrada a resultados rápidos. Lo llama, con ironía, la maldición de poseer un temperamento épico.
El cierre se vuelve íntimo y religioso. Pide a Christopher que cuide cuerpo y alma porque la paternidad humana refleja, de manera pequeña, la paternidad y el amor de Dios. La bendición latina y los besos escritos en griego convierten la erudición en lenguaje familiar.
