Christopher se encuentra en Standerton, Sudáfrica, y Tolkien le anuncia el envío de los capítulos que llevan a Frodo y Sam desde Ithilien hasta Ella-Laraña. Al mismo tiempo describe una reunión de los Inklings en Magdalen, de nuevo iluminado casi como en tiempos de paz, con lecturas de Warnie Lewis y C. S. Lewis.
De regreso a casa conversa con Charles Williams sobre el abuso propagandístico de la palabra libertad. Tolkien rechaza que la conducta criminal del régimen nazi autorice a presentar a todos los alemanes como seres inferiores. La justicia de una causa se pierde cuando adopta la deshumanización del adversario. Resume esa advertencia con una imagen nacida de su propia novela: usar el Anillo del Enemigo acaba convirtiendo al vencedor en otro enemigo.
La correspondencia entre la guerra real y la Tierra Media no convierte el libro en alegoría. Muestra, más bien, cómo una misma convicción moral podía expresarse en la conversación política y en la lógica interna del relato.
