Ronald reflexiona sobre el estado moral del continente europeo en los últimos meses de la guerra. La destrucción material es solo la superficie: lo que le preocupa es la erosión de las categorías morales. Los propagandistas han degradado el vocabulario ético a arma retórica. La distinción entre bien y mal, tan clara en la ficción, se vuelve turbia en la vida real donde los bandos incluyen «orcos, bestias, demonios, hombres honestos y ángeles» — como escribió en la carta 71.
Carta que continúa el tono meditativo de las anteriores, sin las grandes tesis de la 81 o la 89. Es la voz de un padre-filólogo tratando de dar cuenta al hijo lejano de una historia de Europa que ninguno de los dos comprende del todo, pero que ambos viven desde puestos diferentes.
