Comentario
Terminar una obra de aquella magnitud exigía resolver algo más que la destrucción del Anillo. Tolkien debía decidir quién llegaría al Monte del Destino, qué forma tendría el regreso, cómo sanar la Comarca y qué pérdidas permanecerían después de la victoria. Este volumen sigue esas decisiones a través de versiones muy cercanas y, a veces, sorprendentemente distintas.
Es un cierre natural para la historia de la composición y se beneficia de una relectura reciente de El Retorno del Rey.
Los borradores muestran que el desenlace fue revisado en su ritmo, sus participantes y sus consecuencias. La escena del Monte del Destino conserva el núcleo paradójico que define la obra final: Frodo llega hasta el límite de su fuerza, pero no puede completar voluntariamente la misión. La compasión anterior hacia Gollum permite que el fracaso personal participe en una victoria que nadie podría haber planificado. Seguir la evolución de estas páginas hace visible el cuidado con que Tolkien evitó una solución basada en la pureza del héroe.
La arquitectura del regreso aporta la emoción más singular del volumen. Muchos relatos de aventuras terminan cuando cae el enemigo; Tolkien obliga a los hobbits a volver y descubrir que su hogar también ha sido herido. El saneamiento de la Comarca demuestra que el viaje no los prepara solo para contemplar gestas ajenas. Merry, Pippin, Sam y Frodo deben asumir responsabilidades dentro del mundo pequeño que querían salvar. La experiencia de Frodo, sin embargo, permanece y no admite reparación completa. La victoria restaura la comunidad, pero no cura todas las heridas.
El epílogo abandonado añade una emoción particular. Sam conversa con sus hijos años después, y el lector contempla cómo la gran historia se convierte en memoria familiar. Tolkien decidió eliminarlo porque el final en los Puertos Grises y la frase de Sam poseían una fuerza más concentrada. Leer el texto descartado permite comprender esa decisión y, a la vez, disfrutar una mirada doméstica sobre el legado de los protagonistas.
Las escenas son familiares, de modo que los cambios pequeños cobran una intensidad especial. La aportación decisiva aparece en el regreso a la Comarca: Tolkien entiende que una guerra lejana también transforma el hogar y que la curación nunca consiste en volver atrás.
