Tolkien escribe a Christopher el día de un desfile de despedida de la Defensa Civil en Oxford. Debería acudir, pero la ceremonia le parece casi una burla: una parte de la guerra ha terminado, mientras continúa el conflicto en Asia y ya son visibles las pérdidas morales y políticas de la victoria.
La frase central condensa su ánimo: las guerras siempre se pierden y «la Guerra» continúa bajo nuevas formas. No es una negación del alivio por el fin de los combates europeos, sino una advertencia contra la celebración que confunde victoria militar con reparación del mundo. La brevedad de la carta la vuelve especialmente contundente. Tolkien reconoce además que abandonarse al desaliento tampoco sirve; frente a una historia que repite la violencia, queda la obligación de no desfallecer.
