Tolkien responde a Stanley Unwin después de recibir el informe de Rayner sobre los primeros libros de El Señor de los Anillos. Agradece una lectura externa al pequeño círculo que ha visto crecer la obra y acepta que el manuscrito pueda resultar abrumador. Sin embargo, le preocupa que Rayner apenas haya mencionado la comedia. Para Tolkien, el humor no elimina la oscuridad: surge precisamente contra ella. Una narración seria necesita miedo y peligro para parecerse a la experiencia, pero también debe mostrar que unos hobbits corrientes pueden resistirlos mediante la gracia y la negativa final a someterse.
La carta contiene una de sus primeras defensas claras contra la alegoría. Rayner sospechaba que el conflicto entre luz y oscuridad podía abandonar la historia y convertirse en un esquema abstracto. Tolkien replica que toda historia valiosa posee una dimensión moral, pero sus personajes siguen siendo individuos y no equivalencias. Alegoría y relato pueden encontrarse en la verdad sin ser lo mismo. Esta distinción será fundamental para comprender cómo esperaba que se leyera su obra.
También explica que el nuevo libro ha crecido unido al Silmarillion y que el Anillo ha dejado de ser un simple recurso de cuento infantil. Revisa además errores y pasajes de El Hobbit, pero descarta una transformación radical. Humphrey Carpenter sitúa este intercambio en el largo proceso mediante el cual Allen & Unwin intentaba averiguar qué clase de libro tenía delante. Eduardo Segura observa que la continuación de El Hobbit terminó abriendo una entrada narrativa al mundo mítico anterior. La carta es valiosa porque muestra a Tolkien escuchando la crítica editorial sin renunciar a la lógica interna que ya gobernaba su historia.
