Tolkien responde a Katharine Farrer, que le había pedido firmar su ejemplar de El Hobbit. En lugar de una dedicatoria convencional, escribe la postal con el sistema rúnico del libro. Acepta encantado, celebra que la obra vuelva a estar disponible y anuncia que el siguiente volumen ofrecerá información más detallada sobre runas y otros alfabetos.
La pieza es valiosa como objeto gráfico y como muestra de la relación entre escritura y ficción en Tolkien. Las runas no decoran un mensaje independiente: obligan a la destinataria a entrar en el mundo del libro para leer una comunicación cotidiana. También anticipan la importancia que tendrían los alfabetos en El Señor de los Anillos. El texto conservado por los editores permite reconstruir la postal incluso cuando su verdadero efecto depende de la caligrafía.
