Tolkien responde al joven Hugh Brogan, que había elogiado El Hobbit y pedido más información sobre su mundo. Le revela que lleva diez años trabajando en una obra mucho más larga, donde aparecerán el Nigromante y las minas de Moria. Espera terminarla ese mismo año, aunque los últimos capítulos y la escasez de papel todavía retrasan su publicación.
La curiosidad de Brogan, explica, no puede resolverse con una enciclopedia corriente porque la documentación pertenece al propio Tolkien. Lo que necesitaría es El Silmarillion: una historia de los Eldalië desde su origen hasta la Última Alianza, acompañada de mapas, cronologías y nociones sobre las lenguas élficas. Esos materiales solo circulan entonces entre un grupo reducido formado por sus hijos y algunos amigos.
La carta es importante porque presenta el legendarium como un archivo histórico antes que como una colección de novelas. Eduardo Segura ha señalado que El Señor de los Anillos funciona como mediación narrativa entre El Hobbit y aquel fondo mítico. Brogan recibe aquí una explicación temprana y generosa de esa arquitectura, años antes de que los lectores pudieran verla publicada.
