Tolkien responde a Allen & Unwin sobre los dibujos de Milein Cosman para Farmer Giles of Ham. No le preocupa que el estilo sea moderno ni su semejanza con otros ilustradores. Su objeción es más concreta: las imágenes no atienden al texto ni al territorio en que sucede la historia, localizado deliberadamente entre Oxfordshire, Buckinghamshire y una breve incursión en Gales.
Examina los errores con precisión narrativa. El dragón resulta demasiado tímido para realizar las acciones del cuento; el granjero, que debería ser un próspero propietario rural y un fanfarrón corpulento, parece una figura pequeña e intimidada; incluso la dirección en que miran el perro y el dragón contradice el episodio. Tolkien acepta que la editorial pueda preferir ese estilo por razones comerciales, pero pregunta si la artista llegará a terminar un trabajo ya muy retrasado.
La carta muestra que para Tolkien ilustrar no significaba añadir una atmósfera vagamente medieval. Imagen, geografía, carácter y acción debían contar la misma historia. Esa exigencia explica su posterior entusiasmo por Pauline Baynes, cuya lectura visual sí dialogó con la lógica interna de sus textos.
