Tolkien responde a la noticia de que una editorial norteamericana — que resultaría ser Houghton Mifflin — está interesada en publicar El Hobbit y quiere ilustraciones adicionales, quizá encargadas a artistas americanos. Su reacción es característica: está dividido entre la conciencia de sus propias limitaciones como dibujante y el miedo a lo que un ilustrador profesional pueda producir. Pide que todas las ilustraciones sean del mismo autor. Y añade una frase famosa: si Houghton Mifflin quiere contratar ilustradores propios, él pediría poder vetar cualquier cosa procedente de los estudios Disney, «por cuyos trabajos siento un aborrecimiento sincero».
Es la primera aparición documentada del desprecio de Tolkien por Disney, aversión que mantendría de por vida. No es un desdén superficial: es una convicción estética profunda. Para Tolkien, la subcreación mitológica exige gravedad, coherencia interna y respeto por lo transmitido; el estilo Disney, con su tendencia a la caricatura y a lo tierno-comercial, traicionaba todo eso.
La aversión de Tolkien por Disney está documentada en varias cartas posteriores, notablemente en la Carta 210, 1958, a Forrest J. Ackerman, donde criticaría el guion cinematográfico de Zimmerman. Tom Shippey en J.R.R. Tolkien: Author of the Century analiza cómo esta aversión conecta con la teoría de la sub-creación desarrollada en Sobre los cuentos de hadas.
