Tolkien cuenta a Christopher que corregir las galeradas de La Comunidad del Anillo está resultando agotador. Ver impresa la obra le hace desconfiar de algunos pasajes, que ahora le parecen demasiado extensos, aunque reconoce la calidad general de la composición tipográfica.
Su verdadera irritación procede de los correctores, que han modificado deliberadamente palabras y usos gramaticales: sustituyen dwarves por dwarfs, elvish por elfish y, peor aún para él, elven por elfin. Tolkien responde con una carta enérgica a la editorial y consigue una disculpa. El episodio no es simple susceptibilidad: esas formas habían sido elegidas para distinguir su mundo de las asociaciones diminutas o decorativas que arrastraba el vocabulario convencional sobre hadas y elfos.
