Tolkien responde a W. N. Beard después de retrasar la aprobación de los dibujos destinados al Libro II. Asume parte de la responsabilidad: sus bocetos originales eran apresurados y no explicó que la inscripción de las Puertas de Durin debía copiarse conociendo las formas normales de cada signo. El dibujante reprodujo trazos sin comprender el sistema y solo una de las versiones conserva el texto correcto.
La carta revisa con minuciosidad la curva de los árboles, las hojas, los pilares, la escritura del arco y la información explicativa situada al pie. Tolkien adjunta modelos de las letras y de sus variantes enlazadas para que el trabajo pueda rehacerse. Su preocupación no es únicamente estética. La inscripción debe poder leerse como escritura de un mundo coherente y, al mismo tiempo, funcionar como imagen dentro de una página impresa.
Este intercambio muestra la unión entre filología y diseño. Las letras inventadas poseen reglas, no son arabescos. Karen Wynn Fonstad señala una exigencia semejante en los mapas: los elementos visuales de la Tierra Media permiten comprobar distancias, itinerarios y relaciones que el relato presupone. En las Puertas de Durin, la exactitud gráfica cumple la misma función de realidad documental.
