Tolkien agradece a Naomi Mitchison una reseña que ha comprendido El Señor de los Anillos como literatura y también como el juego inagotable de inventar un país. Esa segunda lectura le permite hablar de los límites de su mundo: sabe menos de su arqueología material, vestidos, agricultura, cerámica, metalurgia, arquitectura y música que de sus lenguas e historia.
No cree, sin embargo, que la economía sea completamente arbitraria. Gondor posee tierras, caminos y acceso al agua suficientes para sostener a su población; la Comarca ocupa una región fértil por su latitud, montañas, ríos y distancia del mar. Muchos aspectos no aparecen porque la narración sigue a determinados personajes y conflictos, no porque el autor imagine un territorio vacío.
La carta aclara cómo funciona la profundidad. Tolkien no había escrito una enciclopedia completa antes de narrar. Elaboró con enorme detalle algunos sistemas y dejó otros en bosquejo, confiando en que los fragmentos visibles sugirieran una realidad mayor. Karen Wynn Fonstad demostraría después que buena parte de la geografía y los itinerarios puede reconstruirse con notable consistencia, aunque también aparezcan zonas inciertas.
Al final menciona la posible circulación de la gran carta a Waldman y celebra la necesidad temprana de reimprimir La Comunidad. La recepción de Mitchison importa porque reconoce tanto la seriedad literaria como el placer intelectual de explorar un mundo incompleto.

