Christopher Tolkien tiene doce años y acaba de incorporarse como interno al Oratory School junto a su hermano Michael. Su padre le escribe con ternura contenida: se ha alegrado enormemente de recibir su carta, no espera recibir muchas — sabe cuánto tiene que acostumbrarse a lo nuevo — y confiesa que cada tarde y a la hora de dormir se pregunta qué estará haciendo. La carta es doméstica, sin agenda, sin consejo grave: un padre pensando en un hijo lejos por primera vez.
El detalle biográfico es enorme. Christopher es el hijo con el que Tolkien mantendría durante décadas la correspondencia más intensa, incluidas las cartas de guerra de 1944 — cuando Christopher estaba en la RAF en Sudáfrica — que se convertirían en algunas de las páginas más importantes de este volumen. Es también el hijo destinado a heredar y editar el corpus tolkieniano póstumo: El Silmarillion, los doce volúmenes de The History of Middle-earth, Los hijos de Húrin, Beren y Lúthien, La caída de Gondolin. Todo eso empieza aquí, con un padre echando en falta a un niño de doce años.
Esta es otra de las cartas recuperadas para la edición de 2023. Christina Scull ha subrayado en The J.R.R. Tolkien Companion and Guide que el vínculo específico entre Tolkien y Christopher — más allá del afecto paterno — se construyó también sobre una complicidad intelectual temprana: era el hijo que más rápidamente entendía los mapas y las lenguas del legendarium, y sería el primer «lector» crítico serio del Silmarillion.
