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SUCRIPCION PORTADA

Carta #163 – A W. H. Auden (1955)

Índice Carta #163 - A Auden: la Gran Ola, las lenguas y el descubrimiento del mundo mientras escribía - 1955

W. H. Auden necesita datos humanos para una charla de la BBC y Tolkien responde con una autobiografía intelectual. Escribió El Señor de los Anillos porque encontraba poca literatura del tipo que deseaba leer. No partió de una interpretación consciente; buscaba ante todo una historia emocionante, aunque cualquier relato vivo acabe expresando valores y preguntas universales.

Su imaginación posee raíces lingüísticas y geográficas. Desde niño respondió a sonidos como si fueran colores o música, amó los seres que crecen y se sintió atraído por leyendas del noroeste europeo. El gótico le reveló la filología histórica; el galés produjo una satisfacción estética duradera; una gramática finlandesa cambió la estructura de sus lenguas inventadas y lo llevó hacia Kullervo y las primeras leyendas.

Describe también un sueño recurrente: una Gran Ola avanza sobre campos y árboles. Más tarde descubrió que uno de sus hijos compartía el mismo sueño y lo entregó dentro de la ficción a Faramir. Después de escribir la Caída de Númenor, cree que dejó de padecerlo.

La historia se formó mediante descubrimientos. El Hobbit comenzó con una frase escrita durante la corrección de exámenes y terminó enlazado con las leyendas antiguas. Al avanzar por la nueva obra, Tolkien encontró a Trancos sin saber quién era, llegó a Lothlórien sin haberla previsto y descubrió a Saruman, los palantíri y la casa de Eorl al mismo tiempo que sus personajes. Gollum, Sam y la araña estaban más claros desde temprano.

Tom Shippey ha destacado que esta sensación de hallazgo convive con un trabajo inmenso de revisión. La carta no presenta inspiración y técnica como opuestos: nombres y escenas podían aparecer inesperadamente, pero después debían integrarse en lenguas, calendarios e historia hasta parecer inevitables.