Tolkien revisa la página dedicada a las Angerthas, el sistema rúnico utilizado en Moria, y detecta que la composición tipográfica ha desordenado bloques y valores fonéticos. Envía correcciones precisas para que signos y explicaciones vuelvan a corresponderse.
El asunto parece diminuto, pero una tabla errónea destruiría justamente aquello que los apéndices prometen: un sistema lingüístico coherente que el lector pueda examinar. La carta permite ver al filólogo comprobando la obra como comprobaría una edición de textos antiguos.
