Tolkien recibe unas pruebas finales que no recogen varios cambios ya enviados. Debe elaborar otra lista de correcciones, entre ellas distinciones fonéticas tan delicadas como la representación de ng. No protesta por afán ornamental: en una explicación de escrituras inventadas, confundir un signo o un sonido vuelve falsa la información.
La carta transmite un agotamiento casi físico. Después de años de escritura y meses de apéndices, el cierre depende todavía de pequeñas decisiones tipográficas que solo él puede verificar.
